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Mi primer contrato en robótica: 10 días en Zürich

17 de septiembre de 2026

Hay decisiones que se toman con datos. Y hay decisiones que se toman con el estómago. Mudarme a Suiza recién graduado, sin trabajo confirmado y con el TFG todavía caliente fue de las segundas.

El 20 de agosto llegué a Dietikon, a quince minutos de Zürich en tren. El 31 de agosto firmé mi primer contrato. En medio, diez días que me enseñaron más sobre el mercado laboral en robótica que los dos meses anteriores buscando desde España.

El experimento involuntario
No lo planifiqué como un experimento, pero los datos lo convirtieron en uno.

Desde España apliqué a más de 50 puestos en el sector de robótica e IA a lo largo de dos meses. Candidaturas cuidadas, cartas de presentación específicas, mensajes directos a founders y CTOs. Me respondieron en una ocasión, y fue a una candidatura espontánea que envié directamente por email.

En Suiza apliqué a 13 puestos en la primera semana. Me respondieron en dos. Uno se convirtió en contrato.

El CV era el mismo. La estrategia era la misma. El perfil técnico era el mismo. Lo único que había cambiado era la dirección y el número de teléfono. Uno suizo.

Por qué importa estar aquí
La respuesta es más simple de lo que parece, y nadie te la dice antes de que la vivas.

Los recruiters suizos no van a apostar por alguien que todavía no está aquí cuando pueden elegir a alguien que ya lo está. No es discriminación ni burocracia. Es lógica operativa: si una startup necesita a alguien para empezar el lunes, no puede esperar a que alguien cruce la frontera, busque piso y tramite los permisos.

Estar físicamente en Suiza te mete en una categoría completamente diferente de candidato. No mejor en papel, pero sí más accesible, más inmediato, más real para quien te lee al otro lado de la pantalla.

El sábado que cambió todo
Un sábado por la tarde, tumbado en la cama mirando LinkedIn, me saltó una notificación. Una empresa de drones en Zürich buscaba a alguien para empezar ese mismo lunes.

Les escribí por correo esa misma tarde. El domingo por la mañana tuve la entrevista. El lunes empecé.

Ese proceso de 48 horas no habría sido posible desde España. Ni desde cualquier otro país. Solo funciona cuando ya estás aquí, cuando el recruiter sabe que no hay fricción entre el "sí" y el primer día de trabajo.

Lo que el mercado suizo te exige
Hay algo que el ecosistema de robótica e IA en Suiza deja claro desde el primer momento: el listón técnico es alto. No en el sentido de que pidan experiencias imposibles, sino en el sentido de que saben exactamente lo que quieren y no tienen tiempo que perder.

La mayoría de las ofertas piden máster o doctorado. Muchas además exigen años de experiencia en C++, ROS2 o frameworks específicos. Aplicar con el grado a esas posiciones es ir cuesta arriba, y hay que saberlo.

Pero también hay algo que nadie te cuenta: cuando el proyecto detrás del CV es sólido y real, el papel importa menos de lo que parece en la descripción del puesto. No siempre. No con todas las empresas. Pero ocurre.

Lo que nunca falla es el networking. Tuve una llamada de casi media hora con un ingeniero de un spin-off de ETH Zürich sin que tuvieran ninguna oferta abierta, solo para hablar de mi TFG y de sim-to-real. Ese tipo de conversaciones abren puertas que ningún formulario web puede abrir.

El primer paso
El contrato fue de dos semanas. Trabajé en la validación de software para drones, en una startup en el centro de Zürich. Corto, intenso, y más valioso de lo que cualquier número en un contrato puede reflejar.

Porque el primer paso en un mercado nuevo no es el más grande. Es el más difícil. Y una vez que está dado, el siguiente es diferente.

El proceso sigue. Esto es solo el principio.

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